jueves, 10 de septiembre de 2009

Así es el tiempo, algo inasible que corre

Una conversación entre dos.

Dos personas se encuentran a la misma hora, debajo de un chapón gigante que hace de refugio para los que aguardan el colectivo. El cielo esta ennegrecido, una tormenta parece estar próxima a empapar las calles, pasaron varios colectivos, pero estos dos señores repentinamente inician una conversación que los abstrae de la tormenta, y los hace sordos a los chiflidos del freno del colectivo.

SEÑOR 1- Así que la metafísica esta explícita en el aire según piensa usted?

SEÑOR 2- Exacto, parece vivir como nómada. Es decir, a veces se proyecta dentro nuestro, pero no es personal no podría serlo nunca. Lo que pensamos que nos sucede, lo que pensamos que nos queda claro en esa ráfaga de viento que nos encuentra en una calle o mientras almorzamos o se clarividencia acerca de nuestro presente o futuro, eso, está sucediendo en forma masiva, alguien más esta pasando en limpio su porvenir o su presente gracias a la metafísica que invade el aire.

S.1- Mmm a ver algo entiendo, usted se refiere a que el tiempo es un disparador de ideas semejantes que se maduran de acuerdo a como la naturaleza resuelve hacer correr el viento, es eso?

S.2- Claro. Sencillamente, todos montamos al mismo animal, no hay tiempo en realidad; hay bifurcaciones de nuestros pensamientos y de nuestras estructuras mentales, y en eso, ojo, no entra la asimilación de conocimiento, para nada; el viento le arrebata y reforma las ideas a alguien y las lleva a oídos de otras personas. Seguramente escucho decir que “a las palabras se las lleva el viento” bueno, eso es. Esas palabras ingresan metafísicamente en otra persona y es eso un proceso natural (aunque parezca contradictorio) sólo que indemostrable, por lo tanto metafísico.

S.1- Es indudablemente una teoría entretenida, me convence y coincido con usted. Pero podría explicarme ese tránsito, se imagina o tiene alguna presunción de la velocidad en que corren estas ideas que agarramos al aire y el viento se encarga de incorporarles a otras personas?.

S.2- Si , claro. Es un poco cachetear al cadáver del loco que tenemos dentro, quiero decir, la velocidad de las cosas se deja ver, se proyecta como cifras larguísimas que se transforman en situaciones también larguísimas, en personas que se aparecen y que quizá no existan aunque lamentablemente existen. La proyección de todo ese marasmo es un único destello. Algunos se vuelven locos porque intentan forzar la mente para esclarecerse algo que no tiene fin, y que les termina confundiendo la cabeza, por eso hay que dejar que se manifieste sólo, con una vez sentirse satisfecho, obviamente existen elementos para seguir la ruta veloz de los pensamientos que traslada el viento, pero preferible es no abrir esa puerta, la locura es entenderlo todo de un sopetón, verlo (perderse en el hilo del relato. Ver respuestas y no poder atraparlas: eso es la locura) pero no por un segundo como le dije que se presenta, sino, abrir la puerta y tomar asiento mientras se proyecta, quedar atrapado por siempre. Y sabe porque locura? porque esa proyección es infinita, la ruta de las ideas es interminable, una vez que se elige abrir la puerta y tomar asiento, ya somos espectadores eternos de la velocidad de las cosas.

S1- Si, es clara su idea y un tanto aterradora. Fíjese da miedo solo pensarlo; a encontrado distracciones para escapar de esta idea?

S2- Si , afortunadamente. Hace bien en preguntar, al principio, como me sucede con todo me costo adaptarme a patear estas conclusiones lejos mío. Me torturaban, de una manera no muy cruel, porque tampoco habiame atrevido a caer en ese abismo de conductos interminables, solo me mantuve quieto en el borde. Aterrado por ver que el tiempo me sucedía y esas ideas no me abandonaban, un día decidí meterme en el medio de una
multitud, esperanzado de poder asimilar una actitud despreocupada frente a la vida.
Era una convencido que en las multitudes no se encuentran camicaces del pensamiento, y es por eso que una tarde bajo los fuertes rayos de un sol de primavera, me quedé quieto en el medio de una gran cantidad de personas que habían asistido a un espectáculo público.
Logré comenzar un fuego, parecía que iba a lograr extinguir esas ideas, que dejaría de pensar y que estaba asistiendo a la muerte de esas rarezas instaladas en mi mecanismo cerebral.

S1- Si le pregunto si pudo, estaría obviando este instante.


S2. Exacto, no. No pude hacerlo ahí. Por momentos sí, me encontré entre una multitud despreocupada y me comporté como un despreocupado también. Pero duro poco, me asquié para serle franco, la tortura nos forma con un carácter de mierda. Cuando hablo de tortura me refiero a la idea de pensarse como un buscador de la verdad y que una puntilla de esa verdad se nos haya presentado alguna vez, eso es la tortura. Le digo más, es tan fuerte esa sensación que terminé odiando a las masas. No hay sólidos recursos de contagios en ellas.
Son casi siempre movimientos autómatas, dirigidos por nadie hacia ningún lado. Ese día en medio de la multitud y durante la desconcentración me sentí habitado nuevamente por la idea de la "tortura", por eso le digo que las masas se disuelven.
Y como le decía al principio -espero no se halla dispersado- lo que reúne a las masas es esa metafísica que hilvana pensamientos conducidos por el viento hacia las personas, ahí sí hay masas de gente, ahí comienza el agrupamiento de las masas.
Es como un gran contagio, imperceptible por todos y justamente por esa inefabilidad es parte de la metafísica. Metafísica porque suena alocada la idea de que ese viento que te vuela la bufanda o te frena la bicicleta pueda también llevarse lo que decís y lo que pensas. Quizá exista certeza y un temor grande en el mundo, aunque ni siquiera se sospeche sobre este armado rápidamente tergiversado de las cosas.


S1- Aja. Si, el hombre no se arriesga a pensar en nada que no pueda ver. Porque en nuestro molde cerebral durante la primera educación nos instruyen a percibir las cosas que son, me refiero a materializarlas. De ahí la lucha de las religiones en exponer a sus fieles una imagen de su dios. Es decir sabemos que una taza contiene un poco de café, pero no podríamos entender nunca por su falta de materialización, que el viento contiene nuestras ideas y nuestras palabras.


S2-Y es desesperanzador porque uno a veces se siente solo, o loco, y triste y con ganas de cometer locuras, y eso se tapiza con la idiotez, quiero decir, con poner atención en el no pensar en nada; los científicos, los químicos, los laboratoristas, han conseguido el equilibrio en las pastillas que son una cura para esta tortura, también la televisión y esta última más poderosa que la primera.
No hay pastilla que compita con la imagen. Fíjese, el otro día leí una nota sobre un difunto escritor, decía lo siguiente "la palabra es mas poderosa que la imagen, porque la palabra activa la imaginación, en cambio la imagen la limita". Y con eso basta, la formación de esta era está plasmada en los aparatos que funden colores, ¡fíjese que poder! porque no se meten en nuestras cabezas, sino que nosotros nos metemos en las imágenes hasta pensar que son ellas las que están dentro nuestro, entonces ejecutamos nuestros menesteres diarios incluyendo el consumo de horas televisivas sin tener idea lo nocivo que es eso para un sistema. En resumen, para entender de que forma piensa y exige una sociedad basta con ver los contenidos de su televisión.

-Hace un silencio y luego prosigue.-

No somos mas que una proyección televisiva creídos de tener la facultad de racionalizar y pensar avances que de cualquier modo serán regidos por nuestras acciones y se originarán por lo que somos y hacemos. Nunca extirparemos de nuestros carril cotidiano al aparato televisivo y eso lamentablemente es tristísimo por verdadero. Estamos hechos a imagen y semejanza de la televisión, y que pena me causa reconocerlo. Bueh me puse triste ahora señor, nos vemos cuando nos veamos o que el viento se encargue de hacerle llegar lo que pienso.

S1- Muy bien, adiós.

El colectivo llega, dispersa el agua que se reunía al pie del cordón de la vereda, uno de los señores se sube y el micro se pierde en el final de la calle oscura. Comienza una llovizna, el otro hombre cruza la calle, abre un paraguas y se pierde también instantáneamente bajo un manto groso de oscuridad.

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