
jueves 18 de junio de 2009.
Ahí está, sentado solo. Se vio a si mismo durante una hora de lectura. Llegó hasta la casa de un ávido editor, se dio la vuelta y se bajo el pantalón dejando el culo al descubierto. El tipo inmediatamente recogió un lápiz y comenzó a apuntar algo sobre su mano. El silencio era tan profundo allí dentro, como afuera lo había notado durante el camino.
Va a decir algo antes de terminar?- le pregunta sosteniendo a ambos lados el pantalón, próximo a subírselos. El editor no dijo nada, y continuó. Movió la mano para un lado y otro, intentando entender el entramado de lo que había apuntado como quien intenta descifrar un mapa. Bueno ya está, le dijo, y se subió los pantalones; continuemos.
Lo que siguió, es en partes sorprendente. El muchacho se dio la vuelta quedando frente al editor y se llevó una mano hacia la cola haciendo un pequeño gesto de esfuerzo con el labio inferior encima del otro. El ávido editor, sujetó la birome con la otra mano, listo para apuntar alguna otra nueva observación.
El escritor sacó su dedo de entre sus nalgas agradablemente gorditas, con la falange embadurnada de excremento e inhaló profundamente como quien se “chuta” un saque a la vez que sonreía. Largó el aire, y dirigió el índice embadurnado aún, a la nariz del editor que inhalo de igual manera. La cara de goce de ambos se representaba con una rara sensación de lejanía en sus ojos como si ascendiesen a otra región, alzados en el centro del silencio.
El editor permaneció durante un tiempito bastante prolongado sujetando por la muñeca al joven escritor, como intentando no dejar escapar nada mientras disfrutaba jalando.
A continuación tomó la lapicera y se perdió durante varios minutos con la lengua encima de la boca, dejando que un tiempo suceda al otro, como sucede siempre. El joven desapareció, no tengo idea por donde, sencillamente en una de mis observaciones a aquél viejo editor y durante sus devaneos lascivos, el joven escritor se marchó como lo hace un instante de felicidad. Seguramente contento ya, se fue escaleras abajo.
Al viejo sin embargo -lamentablemente- lo sigo teniendo frente a mis ojos, echado en la cama, mirando lo apuntado en la palma de sus manos durante largos períodos. La habitación en la que permanece, sólo tiene un catre un reloj y un lapicero repleto de biromes. Pido a dios, me devuelva mis antiguos enfoques. Harto estoy de ser un constante observador de ese hombre, que a su vez es un constante observador de algo que no puedo descifrar. Aaa que agotamiento putos, esperar la voluntad del olvido...
A continuación tomó la lapicera y se perdió durante varios minutos con la lengua encima de la boca, dejando que un tiempo suceda al otro, como sucede siempre. El joven desapareció, no tengo idea por donde, sencillamente en una de mis observaciones a aquél viejo editor y durante sus devaneos lascivos, el joven escritor se marchó como lo hace un instante de felicidad. Seguramente contento ya, se fue escaleras abajo.
Al viejo sin embargo -lamentablemente- lo sigo teniendo frente a mis ojos, echado en la cama, mirando lo apuntado en la palma de sus manos durante largos períodos. La habitación en la que permanece, sólo tiene un catre un reloj y un lapicero repleto de biromes. Pido a dios, me devuelva mis antiguos enfoques. Harto estoy de ser un constante observador de ese hombre, que a su vez es un constante observador de algo que no puedo descifrar. Aaa que agotamiento putos, esperar la voluntad del olvido...
Me gusta este post. Muy bueno.
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