martes, 5 de enero de 2010

Muertos algunos, fantasmas todos.





No tengo amigos en ningún lado, pero enemigos en todos. No se nada de escribir, sin embargo escribo. Odio a las personas que quieren a las personas. Amo a los perros. Los perros me aman.
Nunca me pude ver resuelto sobre una lista numerosa de situaciones.
Me han expulsado como al peor de todos, luego de ciertos comportamientos en ciertos lugares. Me he enterado del mal concepto que tenían algunas personas que creía incapaz de tales conceptos en mí contra.
Me he intentado fugar hacia un lugar mejor y, algo, no se que, me ha hecho continuar caminando aquí, entre todo lo que desprecio y lo único que conozco; entre lo que me desprecia… a la espera del error propicio.
He sentido ganas de soliloquiar en una esquina bien fuerte sobre el mal que me causa verlos, aparentando no percibir lo que percibo, la miseria de la que escribo. Gritarles, que el mundo se detenga, que una pausa me de la sensación de sentirme encima de todos, y poder moverme cuando nadie pueda hacerlo, para danzar como un genio malo en torno suyo.

Soy joven, impulsivo, pobre y cojudo, un conquistador tanteando el mundo. Esos atributos me hacen más fuerte que lo que se pueda sentir cualquiera en cualquier lugar.
Yo soy conciente de mi mal y lucho con una actitud que desaparecerá tan pronto acabe de escribir esto. No estoy contento, no tengo intención de tirar cañitas voladoras. Cada frenético arranque de digitación, me hace pensar en el mal funcionamiento de mi asociación de ideas. Soy de los que mira el sorete después de cagar para saber su tamaño; soy quien detesta la estrechez mental, y odia el chusmerio y su poca carga literaria que cala el vacío que se abre entre las palabras y las cosas. Soy quien sale a caminar para ser un punto ínfimo en la multitud.
Dicen los que saben que yo no se, que soy esto, aquello, y aquello otro.
Pocas mujeres se han atrevido a pasar el rato conmigo, y a muchas le disparé a quemarropa que quería invitarlas a algo; se vuelven ausentes, allaaá lejos...remotas.
Soy un tipo franco, que simpatiza con la tristeza porque no conozco otra cosa.

Sí flaco- le dije- pero se te esta yendo la mano, y me paré ya próximo a bajar en el Once. Un poco apenado otro poco hinchado las pelotas, el pibe saltó del asiento me giro del hombro y me dijo, elevando el tono de voz:
¡Usted no tiene derecho de marcharse con un juicio falso de mí!
-luego-¿¡a cuánto pagan la mentira!?.



“-¿Y él cómo reaccionó?
-Se enfureció, golpeó el escritorio y me trató de subnormal.
-¿Y entonces fue cuando usted se puso loco?
-Digamos que me puse peor oficial, porque loco estoy siempre.”
José Sbarra. “Marc la sucia rata”.

2 comentarios:

  1. No, ¡este es el verdadero acontecimiento!: mi comentario. Qué voy a hacer, no parece, pero tengo ego como casi todos los mortales.

    Brindo, compañero Triste, por otro horrible año como el que se jue. Siempre puede ser pior. Olvidate de las cañitas voladoras. ¡Y sacalas de acá!, porque molestan en este buen texto. Va bien, Benitez, pero no dejes de correr porque las letras suelen ser demasiado rápidas y no tienen clemencia.

    Por cierto, dejate de hinchar con lo que otros piensan o interpretan sobre vos. Mejor aún: llevalos hacia la confusión. Engañalos. Que crean otra cosa, que te feliciten, te aprueben, te distingan. Y después, en vez de caer rendido por la furia, reíte. Reíte, sentate en la mesa con un tinto rico y reíte de ellos. Reíte de la pena que sentís por semejantes diablos y la propia. Reíte de nuestro carácter contingente y pesimista. Reíte porque hay otras opciones, pero la risa es la única que despierta el cerebro y las bolas al mismo tiempo.

    Abrazo afrancesado. DIEGO

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  2. Diego querido, que bueno encontrar un comentario tuyo. Sí, hay una parte de mí caracter menos dispuesta a trabjar sobre la risa, pero siempre llevo una en el bolsillo, que desenfundo de tanto en tanto, jaja.
    Haber compañero Zanetti cuando pinta asado y vino. Un abrazo grande, cuide esa derecha magica.

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