
Roger Mila, camina por la vereda una tarde de agosto. Hace instantes se le ha ocurrido una idea genial: poner un negocio donde se comercialice la invención de su abuela, una mezcla de hierbas y órganos animales, que sirve para borrar la memoria.
La abuela de Mila falleció hace tres años, hace un año Mila, que ahora ocupa la casa en donde vivió su abuela, encontró entre un montón de papeles al fondo de un viejo placard, un listado extenso de recetas. La única de todas aquellas que pudo reproducir (teniendo en cuenta la dificultad que demandaba el latín en que estaban escritos esos viejos papeles) fue una que se titulaba Memorium Extra vium.
El titulo en latín es mas que sugerente y de fácil interpretación (extravío de la memoria) aún para Mila que cursando el primer año de la educación secundaria se desentendió de los estudios y se dedicó a vagar durante el primer tiempo para acabar como vendedor de muebles en una maderera en la que luego aprendió el oficio de carpintero con el que se ganó la vida durante un período hasta heredar una buena suma de dinero de su abuela y el caserón antiguo en el que vive.
Él mismo bebió de la pócima. No supo si la pérdida era parcial o total hasta haber ingerido dos cucharas soperas. Padeció graves trastornos. Se pasó semanas vagando por la ciudad, durmiendo en esquinas y hospitales sin saber cual era su hogar ni su nombre ni su edad, sin recordar absolutamente nada.
A la tercera semana, luego de haber podido componer algo de su vida a través de los sueños, le refirió su historia a una señorita que pasaba por el frente de una iglesia en donde él aún permanecía recostado a punto de restablecer contacto con la realidad. Inmediatamente supo que no podía dejar escapar lo que había visto en los sueños, fue hasta la muchacha y le suplico su atención.
La muchacha demoró en creer la historia pero Mila fue muy convincente. Finalmente lo acompaño hasta un hospital, le sacó un turno abonando lo que hacía falta para la consulta y se despidió de Mila dejándolo en manos de un médico psiquiatra al que Mila le refirió todo lo poco que sabía, lo que intuía que había sucedido y lo que le pasaba con lo pasado, que ya no lo recordaba.
Estuvo casi un año tratando de recordar lo olvidado, hasta que al fin el primero de abril de dos mil ocho, Mila pudo referirse nuevamente a su vida desde el principio a fuerza de consumir alimentos que contenían fósforo, de charlas extensísimas con psicólogas y doctores, de ingesta de pastillas que le tranquilizaban cuando queriéndolo recordar todo, se frustraba y se deprimía terriblemente al punto de estarse en la cama durante días enteros sin siquiera tomar agua.
Una vez recuperado volvió a su casa para rehacer su vida pero sin idea de cómo ganarse la vida. Aún le quedaba algo del dinero heredado, también tenía la carpeta de recetas que depositaba de tanto en tanto dentro de una olla en la cocina para prenderlas fuego y algo, no sabe que, se lo impedía y las volvía al fondo del placard.
Pero volvamos a la tarde de agosto que referimos al principio, donde se encuentra Mila, donde se le ocurre la comercialización del brebaje y se comienza a pensar envuelto en dinero(…………no se sabe que poner…..), se sabe poseedor de una formula única capaz de convertirlo en un dios si pudiera lograr que el mundo entero lo ingiriese, podría lograr así su inmortalidad dando pistas claras y ya olvidadas del origen del mundo, podría convertirse en un hombre de consulta para muchos o vender la pócima y que una gran multinacional haga el trabajo mientras él se dedica a descansar en alguna playa del caribe.
Mila acelera el paso, entusiasmado por la idea de convertirse en Dios, de ser quien rescriba la historia, de poder modificar los sucesos que quiera. Esta evocación le hace salirse de la realidad infestando el ambiente, ya no camina, ahora se ve claramente en el futuro disfrutando de toda clase de placeres, se exalta suda, no puede regresar, comienza a transpirar convencido de ser un dios verdadero. En ese preciso momento y mientras se llevaba el antebrazo a la cara para secarse la sudoración, es embestido por una auto en la esquina de cerrito e independencia. Esto le provoca lesiones severas y luego la muerte.
Es llevado al hospital donde lo reconoce su primo lejano Germán Mila; que es, aparte, la única persona que asiste a su funeral en la antesala de una casa velatoria, para luego ser depositado en el fondo de un cementerio en Ramos Mejía junto a una placa de bronce que deja leer su nombre. La casa de su abuela es rematada al poco tiempo, el mueble convertido en basura y las recetas arrojadas al fuego. Y con eso la última oportunidad del mundo, de poder olvidarlo todo de una vez para siempre.
La abuela de Mila falleció hace tres años, hace un año Mila, que ahora ocupa la casa en donde vivió su abuela, encontró entre un montón de papeles al fondo de un viejo placard, un listado extenso de recetas. La única de todas aquellas que pudo reproducir (teniendo en cuenta la dificultad que demandaba el latín en que estaban escritos esos viejos papeles) fue una que se titulaba Memorium Extra vium.
El titulo en latín es mas que sugerente y de fácil interpretación (extravío de la memoria) aún para Mila que cursando el primer año de la educación secundaria se desentendió de los estudios y se dedicó a vagar durante el primer tiempo para acabar como vendedor de muebles en una maderera en la que luego aprendió el oficio de carpintero con el que se ganó la vida durante un período hasta heredar una buena suma de dinero de su abuela y el caserón antiguo en el que vive.
Él mismo bebió de la pócima. No supo si la pérdida era parcial o total hasta haber ingerido dos cucharas soperas. Padeció graves trastornos. Se pasó semanas vagando por la ciudad, durmiendo en esquinas y hospitales sin saber cual era su hogar ni su nombre ni su edad, sin recordar absolutamente nada.
A la tercera semana, luego de haber podido componer algo de su vida a través de los sueños, le refirió su historia a una señorita que pasaba por el frente de una iglesia en donde él aún permanecía recostado a punto de restablecer contacto con la realidad. Inmediatamente supo que no podía dejar escapar lo que había visto en los sueños, fue hasta la muchacha y le suplico su atención.
La muchacha demoró en creer la historia pero Mila fue muy convincente. Finalmente lo acompaño hasta un hospital, le sacó un turno abonando lo que hacía falta para la consulta y se despidió de Mila dejándolo en manos de un médico psiquiatra al que Mila le refirió todo lo poco que sabía, lo que intuía que había sucedido y lo que le pasaba con lo pasado, que ya no lo recordaba.
Estuvo casi un año tratando de recordar lo olvidado, hasta que al fin el primero de abril de dos mil ocho, Mila pudo referirse nuevamente a su vida desde el principio a fuerza de consumir alimentos que contenían fósforo, de charlas extensísimas con psicólogas y doctores, de ingesta de pastillas que le tranquilizaban cuando queriéndolo recordar todo, se frustraba y se deprimía terriblemente al punto de estarse en la cama durante días enteros sin siquiera tomar agua.
Una vez recuperado volvió a su casa para rehacer su vida pero sin idea de cómo ganarse la vida. Aún le quedaba algo del dinero heredado, también tenía la carpeta de recetas que depositaba de tanto en tanto dentro de una olla en la cocina para prenderlas fuego y algo, no sabe que, se lo impedía y las volvía al fondo del placard.
Pero volvamos a la tarde de agosto que referimos al principio, donde se encuentra Mila, donde se le ocurre la comercialización del brebaje y se comienza a pensar envuelto en dinero(…………no se sabe que poner…..), se sabe poseedor de una formula única capaz de convertirlo en un dios si pudiera lograr que el mundo entero lo ingiriese, podría lograr así su inmortalidad dando pistas claras y ya olvidadas del origen del mundo, podría convertirse en un hombre de consulta para muchos o vender la pócima y que una gran multinacional haga el trabajo mientras él se dedica a descansar en alguna playa del caribe.
Mila acelera el paso, entusiasmado por la idea de convertirse en Dios, de ser quien rescriba la historia, de poder modificar los sucesos que quiera. Esta evocación le hace salirse de la realidad infestando el ambiente, ya no camina, ahora se ve claramente en el futuro disfrutando de toda clase de placeres, se exalta suda, no puede regresar, comienza a transpirar convencido de ser un dios verdadero. En ese preciso momento y mientras se llevaba el antebrazo a la cara para secarse la sudoración, es embestido por una auto en la esquina de cerrito e independencia. Esto le provoca lesiones severas y luego la muerte.
Es llevado al hospital donde lo reconoce su primo lejano Germán Mila; que es, aparte, la única persona que asiste a su funeral en la antesala de una casa velatoria, para luego ser depositado en el fondo de un cementerio en Ramos Mejía junto a una placa de bronce que deja leer su nombre. La casa de su abuela es rematada al poco tiempo, el mueble convertido en basura y las recetas arrojadas al fuego. Y con eso la última oportunidad del mundo, de poder olvidarlo todo de una vez para siempre.
-Perdón señor, y Roger Mila?
-Se está fifando a tu señora la concha de tu madre

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada