miércoles, 5 de octubre de 2011

Tranquilo, el poder cambia con el viento











¿Con que soñaste ayer?
Quizá los sueños sean el letrero que nos adentre a una estructura que soñamos nos provea, sin tener verdaderas necesidades de ser provistos por fuerzas ajenas a la nuestras, a los seres que amamos, a nuestra familia.
Quizá la fuerza política sea sólo un eslabón ajeno a la marcha del mundo, tal vez asimilemos eso cuando las esperanzas en quienes nos proponen ir al frente en nuestras ciudades ya sea hayan perdido con la larga tristeza de haber sido victimas de un contexto estéril.
Casi siempre las conquistas de lo inmediato generan un trastorno intelectual que debe resolverse con súbita celeridad para poder continuar tranquilo contemplando la impostergable marcha del tiempo.
Este bello mundo en ebullición contiene a hombres que han sido capaces de lograr la provisión de esperanza necesaria para que, lo dicho mas arriba sobre cierto hartazgo futuro en la perenne marcha política, sea una convicción donde se deba depositar verdaderas fuerzas, para que aquello que se augura en este texto y en cualquier contemplación racional sobre las condiciones políticas pactadas de antemano, que se reviven unas a otras, sea una necesidad inmediata, una determinación imposible de postergar, con esto me refiero casi directamente a un acto de esoterismo cultural en que, las oportunidades a aquellos hombres capaces de entregar la vida por una convicción y por entregarse altruistamente por la causa de su pueblo, debe ser otorgada, no por capricho fanático de quien escribe estas líneas, sino porque una lectura pausada y absolutamente racional, lo concluye de esa forma. Son las matemáticas las que se inmiscuyen dentro del esoterismo “videncial” que debemos tener para saber en quienes confiar, porque son las matemáticas y nuestra intuición quienes nos transportan mas allá de este tiempo, de esta lectura, de cualquier texto y de todo los nacimientos.
Hemos sido cultivados por civilizaciones que lógicamente nos han antecedido, todos absolutamente llevamos algo del hombre original, épocas en la que los encargados de guiar a los grupos a los lugares mas convenientes eran personas que habían transitado por la misma tierra que su descendencia, y que por conocedores de los trastos casi siempre desfavorables del terreno, sabían, muchas veces con certeza, encaminar a quienes estaban comenzando a transitar esas tierras. El caso es que, esos hombres que han planeado cambiar los planes, saben como hacerlo, no continúan por un capricho egoísta ni por una ambición de poder que le sea inherente, sino por un amor que han engendrado, algo en lo que, hasta las mismas palabras son ineficaces para aproximar un entendimiento.
Ya no reconozco a muchos de esos hombres, ni siquiera en libros, pero se que todavía los hay, lo se porque la mágica suerte de haber nacido me aproximó a uno, se de su inquebrantable capacidad, de su hombría de bien, de su lealtad, dura como la mejor de las maderas que se puedan cultivar sobre este suelo, lo se porque he compartida infinitas charlas donde me relató de las atrocidades a la que tuvo que someterse por oponerse con fuerza al poder dominante cuando toda esta Argentina apestaba a miedo, lo se porque sus sueños, se encuentran veinte años delante de sus posibilidades vitales, esos sueños involucran a cada una de las personas por las que este hombre continúa su marcha firme, lo se porque ese hombre es un verdadero abanderado del progreso, lo se porque la época nefasta de este país no pudo acabar con su energía combativa ni con su capacidad de rebelión, también lo se lo se porque debo reconocer que al escucharle, aprendí yo también cosas que a mis pelotudos veintitantos años creía tener bien sabidas. "Un hombre debe entregarse a la política desinteresadamente" (j.c.b), debe apostar por la militancia que desde siempre se propuso avanzar en la dirección de las mejoras sociales y los cambios profundos que los pueblos precisan, un hombre en verdad sabe reconocer al hombre y cederle a él la posibilidad.
Él es el hombre.

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