
Se llega a saber algo sobre ella al contemplar con los ojos el medio donde la divina suerte de haber nacido, nos muestra la dimensión en la que podremos coordinar las acciones de nuestras capacidades físicas, donde la extensión del mundo sea tan amplia que la posibilidad real de contenerlo absolutamente por cuenta de nuestra humanidad logre, sabiamente, obligarnos a hallar un sitio donde abastecer nuestras posibilidades humanas, un sitio donde también ambicionemos un conocimiento más amplio sobre ese suelo sobre el que aparecimos. Tenemos idénticas necesidades a quienes han habitado el mundo hace miles de años, las nuestras fueron mejoradas, pavimentadas por el frío cemento, donde creemos poder lograr un traslado más eficaz, más veloz, pero con casi ninguna conciencia de estar logrando un traslado verdadero de aquel lugar al que preferimos originalmente y del que tememos alejarnos por cierto miedo desolado y conciente producido por la cuenta del costo afectivo que demanda la aventura, el abandono, la lejanía con nuestros dioses.
La libertad no necesita un alejamiento verdadero del punto de inicio, la libertad precisa esclarecimiento, verdad, franqueza. Esos son conceptos primordiales, que si no se hallan, cualquier viaje hacia el conocimiento será una causa inútil, un traslado al interior pretendiendo hallar respuestas sobre como generar cambios pasando inadvertido.
La idea más pura de libertad no posee ningún componente que haga al escape, por el contrario, la libertad madura en la conciencia las posibilidades diversas y casi infinitas que poseemos. Conciencia de los conceptos que nos han incorporado en los reductos afectivos donde maduramos nuestro ser; nuestro deseo de investigar y el disconformismo sobre los límites serán el primer trazo que descubriremos, que precisemos mejorar, entonces sí, se podrá escapar hacia terrenos prohibidos.
Ir en busca de aquellos lugares, forzar la comunicación con los tigres hambrientos que utilizaron pretendiendo hacernos sentir terror; establecer también ahí al mundo que hayamos dejado que viajará siempre sobre nuestras espaldas, porque eso también va a permitir avanzar hacia los cambios verdaderos, nuevos.
En conclusión, debemos intentar copiar con acciones lo que desarrollamos con ideas, verbigracia, debemos HACER la imaginación, construir las presunciones, representarlas, ubicarlas en el plano de lo real, no temer a la extrañeza de la parte del mundo que simulará ver rareza incomprensible donde esté lo nuestro: la conquista del terreno virgen e inhabitado.
Pongamos algo breve, bello, e impongámoslo como un producto tan idénticamente vital a todo lo que en masiva demanda aparece como falsa posibilidad de adquisición de la libertad.
Necesitamos brindar con el puño en alto por la obtención del objetivo, ni hacen falta los símbolos ni los colores ni los himnos dramáticos donde se reivindican las luchas y se manifiesta la fuerza combativa capaz de lograr para defender lo límites, se precisa además un corazón conciente de que el gigantesco muro caerá sin necesidad de oscurecer al mundo adormeciendo el alma por las noches. Hace falta una edificación interior sumamente fuerte, blindaje que soportaría los embates combativos de quienes hayan encontrado una forma de subsistir empleándose en la misión de derrotarnos.
Fuerza, fuerza siendo buenos con quienes aspiran lograr lo mismo que nosotros. Fuerza, inmutable como la sabiduría de los árboles, fuerza para avanzar despacio y con el gesto imperturbable entre los ciegos, fuerza, para hallar el ángulo desprotegido en el que no hayan visto peligro, fuerza, porque el enemigo auténtico no ha mostrado aún su verdadero rostro.
Lunes 7 de noviembre de 2011, fecha de fundación del movimiento “patoterismo literario, autentico y libertario”.

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