miércoles, 14 de diciembre de 2016

Nota en El Cronista, y uuh , que gil...


Arriba, un borracho Silvio Astier




Acá abajo, un pequeño lamento:
Como se me va a pasar por alto el gran Roberto¡¡¡. El medio alemán, de Villa Luro, el que no sabia de comas ni puntos, pero que tuvo una condición única, para contar el desarrollo de un adolescente porteño, y la vacuidad del pecho de un porteño en crecimiento. Que sirve para que los eruditos egresados en comunicación, evalúen con destreza adquirida en manuales todas sus obras.
Nunca necesitó manuales, ni resúmenes, dicen que en el Diario el mundo preguntaba a su compañero de sección, si tal palabra se escribía así o asa. Un perfecto genio, que le dio (como preferirían los eruditos) una nalgada en la cola a los catedráticos, esos mismos que hoy instruyen alumnos de comunicación y letras, esos mismos tipos lo dejaron al margen en un intento que Arlt hizo por ingresar a la facultad. Y a mí, que escribí un libro chiquito en todos los sentidos, y quizás muy, se me pasa por alto cuando me hacen una nota en un diario de pueblo, el decir que me instruí en la narrativa leyendo el Juguete Rabioso, Los Siete Locos, Las Aguafuertes Porteñas. A mì, que soy un mal iniciado se me escapa reafirmar el nombre de quien fue todo lo contrario al Borges aristócrata que reafirmo en esta nota que está encima de estas palabras que no son mas que un lamento por haber dejado escapar un nombre al que no le hace falta distinción de nadie menos mía, pero la nobleza obliga a decir: ¡Que gran conocedor del pueblo que te rodeaba fuiste Roberto Arlt!.

viernes, 6 de septiembre de 2013

La banda de titolino










Fiaca es un documento antiguo. Pero fiaca, es la palabra que pretendo utilizar para hacerme el pillo. Recuerden ustedes queridos amigos, que todo lo que hacemos no tiene originalidad.
La fiaca es cosa de sabios.
Me crié en una ciudad que aborrezco. Si yo estuviese al frente de una clase y ocupase veinte minutos de ella en proyectar diapositivas que refieran a los factores que me originan aversión por mi ciudad natal, casi toda la clase estaría de acuerdo conmigo. Lógicamente, entre todos mis alumnos habrá quienes no coincidan con mi exposición y de ser cierto esto de tener una clase a cargo, esas personas en desacuerdo, reprobarían la materia, y el diálogo quizá se de en la siguiente forma:
El buen sabor de un pedazo de queso.

- Profesor, que tal, podemos hablar un segundo- Quienes me inoportunan, son un grupo de cinco muchachos con semblantes molestos, dos de ellos con el ceño tan fruncido que la represión de mi risa la llevo a cabo mostrando mi lado mas severo, el de negro matón capaz de lanzar un cabezazo o un preciso jab a la nariz.
-Si adelante ¿que pasó?
-Mire, no estamos conformes con nuestras calificaciones y, hemos, porque hablo por todos quienes estamos acá, hecho demasiado esfuerzo durante el año para poder lograr buenas calificaciones.
-Perooo- me extendí en el final de esa palabra, haciendo la o bien sonante, que pretendía ser una expresión de pura sorpresa por aquello que me acababa de decir el representante de el grupo de inconformes- miren, sinceramente no entiendo el porque de este disconformismo grupal, cada uno de ustedes, imagino, tendrá bien claro el porque de la desaprobación.
- Profesor, mire, le tenemos mucha estima a usted, y si vinimos todos juntos es porque preferimos esto a ir a la rectoría con el chisme, y todos nosotros apelamos a su buen juicio.
- Disculpe, pero no entiendo.
- Bueno, entonces voy a ser mas claro, resulta que nosotros cinco fuimos quienes nos opusimos a coincidir con la exposición que usted hizo sobre su ciudad natal, y estamos seguros que usted no ignoró eso a la hora de calificarnos.
- A que bien, pero estoy seguro que algunos de ustedes cinco fueron inducidos por usted a pensar de esta forma – dije señalando al vocero- o por cualquier otro – dije otra vez, repasando a los cuatro restantes con mi dedo índice
- Eso no interesa, lo que pretendemos es que nos modifique la nota, porque estamos dispuestos a llevar el reclamo más lejos.
- ¿Usted me está amenazando?
- No no es a....
- Shh -le exigí callarse- no me desagrada la gente con coraje, pero entiéndame, este es mi trabajo, mi trabajo de profesor, a eso me refiero. Profesor, señor corajudo amenazador, es quien califica el desempeño intelectual de los alumnos en la clase- hice un silencio, luego le estudié el rostro a aquel muchacho, luego le miré directo a los ojos y por verlo resuelto a concluir su amenaza, le di un bife con mano abierta delante de los otros cuatro, que quedaron impávidos mirando la recuperación de aquél rostro golpeado, yo proseguí- aa , bueno soy profesor hasta las 13 15, después soy un hombre corriente, eso significa que tengo, como todo hombre corriente, derecho de demostrar mi disconformidad.

El resto fue terrible, el cabecilla de aquel grupo se restableció, olvidó el respeto que tenía por mí que había manifestado al comienzo de la charla y me golpeó haciéndome caer al piso casi inconsciente o con la suficiente conciencia como para recordar la pateadura de los otros cuatro. La golpiza fue terrible, el director optó por despedirme, mi internación duró cuatro semanas. Con el tiempo, alguien me refirió lo sucedido: aquél que lanzó el primer golpe, también se encargó posteriormente de alterar los acontecimientos diciendo que hablé del resto como una cantidad de inescrupulosos capaz de coincidir con mis opiniones con tal de lograr un resultado positivo que le privilegie las conversaciones con sus semejantes. Nunca lo dije, pero siempre lo pensé. Aquél que me refirió el resto de la historia, no me refirió si estaba o no de acuerdo con aquel nuevo grupo conformado, sólo se paro junto a mi cama en aquella clínica de balvanera, y me habló por espacio de veinte minutos, luego se dio la vuelta y se fue. Yo me sentí vencido, pero en condiciones justas. Aquél que se encargó de derribarme pudo avizorar y aprovechar la oportunidad que había creado al momento de optar por un impulso que es propio de quienes conducirán en el futuro.
Hoy, ya jubilado, vivo muy lejos de aquélla ciudad donde dictaba clases, y mucho mas lejos de aquella donde me crié y aborrezco. Conciente de haber vencido unas cuantas veces, tengo que decir que la representación acabó, ahora soy yo de nuevo amigos, así que atended:
Todo esto desde el principio, no es más que una diagramación teatral de las disputas políticas, NO CREA ABSOLUTAMENTE NADA
Tome esta representación como un suceso próximo, con este gobierno de inconducentes progresistas sin autocrítica (a veces creo que estos muchachos son ideológicamente perfecto, - estos quienes juancito?, - estos hermosa, la patología del peronismo a la que me refiero - aaa, el hijo bobo del peronismo- que se acordaron tarde que el furia era un patriota que murió, por no saber usar el poder, por no saber delegar , por quererlo todo, por pretender abrazar a los empresarios para acobardarlos, etc etc.
Aaa, te enseño una paradoja, pero no olvidéis a los chicos ricos de la camporita, si esos muchachos provenientes del planeta de los simios, los gorilas con la remera de la igualdad, los que creen que el General estaba equivocado, con ese toque putarraco y artificial, que sólo usan para hablar de banalidades o de cómo veranearon en punta del oste, dios bendiga esta patria enferma, dios esquize por favor la lucidez, de otra forma sería mas duro. Bueno, creo haber terminado, son las 00: 50 y mastico unas hamburguesas finas como los king kones, ojo muchachos, ojos con los don kikones, que ustedes creen que el gorila jode manejando gorilas, y no, el gorila jode manejando al pobre. Crean, creen, yo les voy a decir esto que le dije el otro día a un amigo que al cruzarme me dijo: Negro, cada vez me gusta mas leer lo que escribís. No me agradezca a mí, conteste yo, sino al bueno de lynch que me enseño a meditar.

Saludos cordiales, espero nos veamos en esa cantina.

El negro.

miércoles, 20 de febrero de 2013

martes, 5 de febrero de 2013

sin titulo




 Una cinta azul estaba colgada en la entrada de la despensa en el pueblo de wilford, en Turín, que ni mierda se donde queda, john cartera lleva días recorriendo aquella ciudad, ya casi sin dinero y oprimido por el sol del día pasa las horas bebiendo botellas de agua que paga a un precio altísimo. Dentro de la despensa que lleva la cinta encima de la puerta de la entrada john cartera compra un agua a  vendedora vieja, que cuando ve a johon al salir de una puerta lateral cubierta de cortinas plásticas, se pasa el dedo por la entrepierna, se lleva este frente al labio y  lo sopla, luego señala a john, : que quiere, le dice turinescamente. Agua dice john cartera, aguawater repite, la mujer gira hasta quedar de espaldas a su cliente y hecha la cola hacia atrás acompañando este movimiento con un sonoro pedo, camina nuevamente hasta adentro y vuelve a los pocos segundo con una botella en su mano derecha transpirada de agua. Cartera quita un billete de su cartera, y extiende la mano para sujetar el agua, la mujer quita la botella del destino de cartera y se hecha a reír.  Cartera se da la vuelta para retirarse, y antes de salir escucha un estruendo fuerte, gira  y ve a la mujer junto a un hombre gordo, el hombre gordo vuelve a lanzar un grito, cartera se siente aterrorizado, quiere echar a correr pero le resulta imposible, no siente sensibilidad en buena parte de su cuerpo, de pronto la mujer comienza a reírse frenéticamente, el hombre gordo la mira riendo apenas y  vuelve a perderse tras las cortinas, John cartera ha quedado inmovilizado.
Sólo una cosa puede pensar john cartera en estos momentos de inmovilidad casi absoluta, en sus seres queridos. Así es, john cartera comienza a repasar su lista de seres amados, caen a su memoria como pesado recuerdos, primero los rostros, después distingue levemente un instante pasado acompañado por aquellos que ama, john cartera cree que va a morir, john cartera vacía su furia contra si mismo, ahora que el tiempo de su muerte no llega, se reprocha la sed constante y su constante manía por saciarla, reprocha la leve marcha hacia la salida en aquella tienda turinesa, se reprocha su conducta y en esas milésimas infinitas de segundos en que se hallaba john cartera, es él mismo el que llega a la conclusión de que los actos del hombre se reducen a lo que el hombre es, cartera está seguro que no es el destino sino su formación y contexto el que lo hizo quedarse inmovilizado ahí, cartera piensa que haría un Alemán en su situación, ¿saciaría dieciocho veces por día su sed? o su cultura norteamericana de consumo lo hizo insatisfacerse inmediatamente después de haberse satisfecho? John cartera ahora detesta su condición de americano y se entrega casi con la otra parte móvil de su cuerpo, piensa calladamente que ha dejado transformarse y que nada ha podido hacer para que eso sea diferente, se sostiene , se sostiene como puede, sabe que esta a segundos de desmoronarse para siempre, de dejar de ser, de ya no ser, trata de expulsarse de si, de salirse de dentro, su piel, de dejar vacío ese lugar con el que relleno un punto ínfimo en la multitud, lucha, lucha durante otros buenos milisegundos, deja, deja de ser y lo siente, lucha a medida que va desapareciendo, buena parte de lo que albergaba la parte media de su cuerpo ahora esta en el cenit de Cartera, y Cartera en el Cenit de ese infierno que es la muerte, entonces Cartera deduce justo en ese momento antes de morir, que esta empezando a ser libre, que lo del alma no era cuento, sin rendirse Cartera sonríe, trata de ver lo último que pueda del mundo real, logra ver el rostro de la vieja, posado sobre el mostrador viéndolo, ida, asombrada quizá por la resistencia , piensa cartera, finalmente su rostro y el de la vieja comienzan una proyección infinita en el que acuden todos los rostros del mundo, luego cartera se da por satisfecho y se deja vaciar por el tiempo.    

jueves, 31 de enero de 2013

La Madeleine de Proust.


Casi ni me levanto, no me daban las patas. Cuando veo entre mis mensajes uno del escritor solapero mostrando un nuevo relato. El tipo parece estar atareado por una muerte, o quizá crea ser la madeleine de Proust (1871-1922) y encontrarse aún entre la garganta y el esófago haciéndole más aciago el destino a Marcel. El escritor solapero es tan afrancesado como Proust; solapero recoge, mientras sonríe con esa mesura intolerable, todo lo que escucha para almacenarlo como un hámster en sus párpados, luego vaciarlo y martirizarse abrazado a las quince pulgadas de su maquina portátil. ¡Pobre solapero! pienso mientras leo lo que envió, su vida es caótica y, ¡mira¡ su transito interior que bien redactado queda, como queriendo decir a cada lector: -Ruego cierta consideración a quien halle este escrito...- ¡pobre solapero¡ como queda uno fascinado con lo que escribe; mientras él seguramente, corrige algún texto que maquilla durante horas como le enseñaron en la universidad, para que su pobreza espiritual parezca en serio un transito tortuoso, y su estoicismo se transforme en una sucesión de infortunios escudados por palabras.
¡Carajo, ahí ta la madeleine de Proust! grité mientras llegaba al final del relato, olvidando que me encontraba en un hediondo locutorio infestado de estudiantes secundarios que permanecen días enteros agriando ese insoportable hedor a hacinamiento humano.

Solapero tiene clara su consigna: humillar a la gente, pero con altura. Porque solapero no tiene un enemigo, solapero los odia a todos por igual, ama lo macho que no es y el reflejo de esa carencia en otros lo seduce y le aprisiona al destructor adormecido que lleva dentro, en esa especie de cárcel individual. Sí, a solapero lo adormecieron, su venganza es finita pero lerda, y su odio parte desde esa mueca oculta de dolor con la que te mira condescendientemente mientras determina que se puede hacer con lo que decís, hacia un titán interior que alza el puño agonizando hasta caer sumido en un sueño narcotizante. Resistir, clamar, vengar; y puño, lo mantiene en alto hasta que cae.
Una lástima, yo quiero que sigua en pie, como el boxeador que él desearía ser: contra las cuerdas, en un rincón, aguantando embates y devolviendo golpes.


En el castillo de Kafka, K el personaje dice a viva voz: “la verdad de este mundo es la muerte, hay que escoger morir o mentir”